Revista DeNovios
Encuestas
Arrepentirse a tiempo
El noviazgo es una etapa de felicidad, pero también de dudas e inseguridades, en la que algunas parejas deciden echar pie atrás, o posponerlo por unos meses. ¿Cuáles son las razones?, ¿es posible reanudar la relación después de un quiebre? Es lo que aquí te contamos.
Por Marta Sánchez Vivero
“No acepto”. Esa frase, digna de una teleserie venezolana o mexicana de las más sufridas, grafica una realidad que es que muchas parejas se arrepienten de casarse. Claro que la mayoría no espera llegar hasta esta instancia para ello, sino que lo manifiesta durante el noviazgo.
Este es el caso de Javiera (29), quien a los 3 meses de que su pololo de toda la vida le pidiera matrimonio, comenzó a cuestionarse el compromiso. “Cuando Felipe me preguntó si quería casarme con él, me sentí la mujer más feliz del mundo, porque estaba muy enamorada y segura de la decisión. Sin embargo, a los meses de noviazgo empecé a angustiarme con el tema, pero lo atribuí a los típicos nervios de los preparativos. Pasaban los días, y la sensación de miedo a que llegara el esperado día, me hizo dar cuenta que no estaba preparada. Fue muy doloroso terminar la relación y devolver el anillo, aunque en ese momento me quité un gran peso de encima”, relata esta parvularia.
Según la sicóloga Andrea Florenzano, del Centro de Psicoterapia y Salud Sexual, “las causas de una decisión de este tipo responde a muchísimos, diversos y singulares motivos en cada caso. Pero a modo general, entre ellos está el tema de que se generan muchas presiones sociales, económicas y familiares, que no se habían manifestado antes y originan preguntas como ‘es realmente lo que yo quiero, o lo que los demás desean’, ‘me la voy a poder’ o ‘estaré listo’. O, simplemente, entremedio de los preparativos se manifiestan diferencias que antes no se habían visto, aspectos nuevos que emergen de la pareja y que con tanta presión, se piensa que no se van a tolerar”.
Sin embargo, como le ocurrió a Francisca, después de un tiempo puede suceder que se quiera reconstruir la relación. “Pasaron 6 meses en que no nos vimos, hasta que él me llamó para conversar. Ahí empezamos a salir de nuevo, luego a pololear, y así nos dimos cuenta que el amor aún existía y que sólo nos había faltado madurez para casarnos. Me volvió a pedir matrimonio y hoy estamos muy contentos, con 2 hijas y nada de arrepentidos por todo lo que pasó”, cuenta esta joven casada hace ya 3 años.
Este tipo de situaciones se explican, a juicio de la sicóloga clínica y terapeuta de parejas, Trinidad Tocornal, “por la confusión y angustia que llevan a echar pie atrás, pero al tiempo, toman conciencia de que terminar con la relación no fue lo correcto, y así después vuelven a reconstruir una nueva. Sin embargo, esto lo logran con éxito sólo aquellos que cuando cortaron el compromiso, lo hicieron sin hacerse mucho daño, ya que hay veces que se suelen decir cosas muy dolorosas, que después son imborrables”.
¿Volver a empezar?
Tal como le sucedió a Francisca, es posible rehacer la relación después de un quiebre, ya que esto “no es una señal definitiva de no casarse, pero sí importante y categórica de que hay que replantearse el proyecto de matrimonio, la forma en que se está llevando el noviazgo, los proyectos en común, los procesos personales y los de pareja, entre otros”, manifiesta la sicóloga Andrea Florenzano.
Pues, como añade Trinidad Tocornal, es normal tener interrogantes o, incluso, un poco de miedo al compromiso, pero “existen ciertos criterios que indican anormalidades y signos de alerta, como el tipo e intensidad de las dudas; es decir, si están acompañadas de angustia. La frecuencia con que se den; los momentos en que aparecen y desaparecen, ya que es común cuestionarse al conversar con una amiga recién separada, pero no cuando se está en una situación ajena al tema. También es preocupante si hay alteraciones neurovegetativas como insomnio, ansiedad patológica o reacciones no comunes en la persona”. Y agrega que “lo esencial para estar seguros de querer casarse, es escuchar esa ‘vocecita interna’ y ser auténticos, más allá de la presión social y familiar que puedan sentir”.
De este modo, se evitarán historias como la de Paula (34), quien relata que “durante el noviazgo empecé a cuestionarme la vida juntos y varios aspectos que eran objeto de discusión, como la crianza de los hijos, por ejemplo. Llegué al punto de sentirme desesperada y le dije a Nicolás que nos diéramos un tiempo antes de casarnos. Dejamos de vernos por 3 meses, luego pololeamos 4 más y como todo el mundo estaba tan feliz, decidimos comprometernos legalmente. El matrimonio funcionó bien hasta la primera guagua, porque ahí comenzaron de nuevo los roces hasta que nos separamos, ya que nos dimos cuenta que a pesar de que nos queríamos mucho, pensábamos muy distinto y la relación no iba a ninguna parte”.
Es que cuando no se logran consensuar factores fundamentales como los hijos y la proyección en pareja, definitivamente, es porque algo sucede, y más vale tomar precauciones, a fracasar como matrimonio en el largo plazo; pues “muchas veces ocurre que alguno de los dos se arrepiente de casarse, porque de verdad siente que esa no es la decisión correcta, y prefiere romper con el compromiso. Pero una vez que se termina, comienza -entre la razón y la presión sicosocial- a crearse una serie de teorías, que llevan a invalidar sus afectos y a retomar la relación, aunque en lo más profundo de su alma sabe que no tiene sentido”, dice Tocornal.
Y vivieron felices…
Cuando uno de los dos es el que toma la decisión de terminar el compromiso, y no es una postura más bien consensuada, se pueden generar muchas rabias e inseguridades. Por ello, Andrea Florenzano asegura que es vital procesar los sentimientos involucrados al reanudar la relación y, sobre todo, para quien nunca dudó de casarse. “Así, esta ruptura puede llegar a ser un período de crecimiento muy bueno. Pero sólo si se trabaja”, enfatiza.
Muy bien saben esto Cristina (32) y Francisco (36), casados hace 4 años, quienes estuvieron separados por 9 meses. “Cuando estábamos de novios, Cristi empezó a cuestionarse y a cuestionarme muchas cosas y, francamente, la relación era tortuosa, hasta que finalmente rompimos. Estuvimos 1 año cada uno por su lado, saliendo con otras personas hasta que nos reencontramos y nos dimos cuenta de que no deberíamos haber terminado nunca. A los 6 meses, ya estábamos casados. Sin embargo, antes del primer aniversario ya teníamos muchos roces, sobre todo porque ella seguía dolida porque yo fui el que empujó nuestra primera separación. Pero caímos en esto sólo después que entramos a un grupo de terapia, en el cual aprendimos a expresar nuestros sentimientos y trabajar nuestras emociones. Sin esto, hoy no podríamos decir que estamos felizmente casados, con una niña preciosa y otro hijo en camino”, comenta este ingeniero civil.
Es que a fin de cuentas, el matrimonio es un tema del corazón, por tanto identificar lo que se siente realmente es fundamental. Casarse por presiones sociales, familiares o económicas, puede ser un error con graves consecuencias. Y cuánto antes se haga esta introspección, antes se sabrá lo que verdaderamente se quiere para el futuro y antes se terminará el compromiso. Pues mientras más alejados se esté del día D, mejor será para todos.
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