Revista DeNovios
Encuestas
Charlistas, profesores de vida
Casarse por la Iglesia Católica, implica asistir a un ciclo de charlas de orientación sobre el paso que se está a punto de dar. Pero ¿quiénes son las personas que las imparten?, ¿realmente son útiles estas sesiones? Despejar estas dudas para comenzarlas con una predisposición diferente.
Por Tatiana Hirsch Coleman
Hace unos meses, casi todo Chile se conmocionó con la muerte del General de Carabineros, José Bernales; su señora, Teresa Bianchinni, y la comitiva con la cual viajaban. Entre los méritos de este hombre e intachable funcionario, pocos sabían que se desempeñaba, desde hacía muchos años, como monitor matrimonial, guiando a numerosas parejas y creando la comunidad San Francisco de Borja de encuentro conyugal para miembros de la institución.
Tal como Bernales, sólo en la Región Metropolitana existen más de 700 monitores encargados de recibir a jóvenes incrédulos respecto de la utilidad de estas charlas. La mayoría acude con el prejuicio de que les hablarán únicamente de religión y toman la asistencia como un mero trámite.
Si bien se sabe que todas las religiones realizan charlas, sólo en algunas constituyen un requisito obligatorio. En el caso de la Iglesia Evangélica son optativas y los pastores son los encargados de impartirlas; para el judaísmo también son optativas, y la responsabilidad recae en los guías espirituales o rabinos; por el contrario, la Iglesia Católica las considera ineludibles y son difundidas por matrimonios monitores.
¿Pero quiénes son estas personas que hablan sobre el matrimonio católico y porqué tienen la atribución para ello, justificando que los novios los escuchen? Según la Presidenta Arquidiocesiana de la catequesis de preparación de monitores para esta finalidad, Mary-Ann Roberts, los tutores deben realizar un curso de inducción, además de “tener un matrimonio ejemplar, ya que es la única manera de poder empatizar con las parejas y demostrarles porqué es tan importante vivir y participar de las sesiones”, explica.
¿Quién nos guía?
Lorenzo Cintolesi y su señora, Carla Ortiz, llevan 30 años realizando talleres matrimoniales, independientes a una parroquia, pero absolutamente válidos ante la Iglesia Católica. Ella explica que la gran diferencia entre su programa y el de una parroquia, -además de que en estos se cobra $ 20.000, a diferencia de la colaboración voluntaria que sugieren las parroquias-, es la profundidad en el contenido. “Hoy en día, las charlas que ofrece la Iglesia han avanzado notablemente, pero nosotros nos distinguimos porque entregamos una metodología interactiva con dvds, libros y tareas que facilitan el aprendizaje de cada temática, complementando las sesiones con una conversación natural con bromas y experiencias personales. Una mesa en donde cada uno puede exponer su punto de vista”, agrega.
Otro caso es el de Arnaldo Murúa, Ingeniero Civil Eléctrico de profesión y charlista de una parroquia católica, por vocación. Esta actividad llegó a su vida cuando el sacerdote de la iglesia a la que asistía lo invitó a participar junto a su señora. Hoy, 29 años después y con más de 1.500 parejas guiadas, asegura que las reuniones pueden salvar a una pareja de un fracaso inminente, ya que la mayoría de los problemas futuros se inician antes del compromiso ¿La clave? Ellos comienzan las charlas aplicando un cuestionario de 45 preguntas y por medio de las respuestas, se arrojan las potenciales dificultades para los novios.
Pero su trabajo no termina junto con los talleres preparatorios. Murúa es uno de los pocos guías que una vez terminadas las sesiones, continúan en contacto con las parejas, llamándolos para su aniversario, apoyándolos con terapias en momentos de crisis y realizando una misa de renovación el último sábado de cada año.
… ¿y en otras religiones?
Marcos Wisch, además de ser kinesiólogo, se desempeña como guía espiritual de una congregación judía de Santiago. Producto de una enfermedad infantil, se acercó al templo y terminó reemplazando al rabino en las reflexiones semanales, hasta que su labor fue derivando de preparaciones para el bar Mitzvá, conversiones al judaísmo y las orientaciones prematrimoniales.
Por lo general, a las orientaciones judías acude cerca del 80% de quienes planean casarse, y sólo por sus reuniones han pasado más de 200 novios que mantienen una relación bastante cercana con él.
Si bien la congregación le entrega un sueldo según el tiempo y las actividades realizadas en el templo, Marcos asegura que lo que lo mueve es poder entregar herramientas que les servirán durante la vida en pareja.
Algo similar es lo que ocurre con el pastor de jóvenes evangélicos, Guillermo Hernández, quien en sus charlas evita incluir la religión a la fuerza y orientar a los novios sobre la cotidianeidad, las amenazas que pueden encontrar en el futuro y cómo tranzar con el otro. “La idea es buscar la bendición de Dios para el vínculo y aclararles a ambos que esto no es parte de un ‘check list’ que deben realizar al decidir casarse", asegura.
Como podemos ver, las distintas religiones consideran estas charlas una base para el proyecto que se inicia. La razón es simple. Cada Iglesia toma como su responsabilidad la preparación de las parejas en este proceso, por lo cual también es parte del éxito y fracaso de un matrimonio. De igual manera, por muy diferente que sea una charla de la otra, todas coinciden en que deben ser tomadas a conciencia, puesto que servirán a los novios para reconocerse mutuamente y analizar su relación proyectándola en el tiempo, sobre todo en un momento que se vuelve necesaria una pausa en medio de un agitado calendario de preparativos.
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