Revista DeNovios
Encuestas
El lado B del sexo
La sexualidad después del matrimonio sufre muchos cambios. Y todas las decisiones que se tomen al respecto, deben ser de a dos y de manera responsable; pues a veces no sólo se trata de prevenir un embarazo.
Por Marta Sánchez Vivero
Al momento de casarse, hay cambios en la vida sexual. Ya sea porque se comenzarán a tener relaciones, o bien, debido a que dejará de ser a escondidas o bajo reglas de “no casados”. Esto, trae implicancias sicológicas y prácticas, como lo grafica María Gracia (26), casada hace 4 años. “Una de mis preocupaciones cuando estaba de novia, era el método anticonceptivo que usaríamos, porque como nos casamos tan chicos, habíamos tenido sólo un par de encuentros y sin ninguna protección. Finalmente opté por las pastillas, porque me pareció lo más cómodo y fácil en ese momento”, relata esta relacionadora pública.
Es que en medio de la emocionalidad de toda la adaptación a una nueva vida juntos, también brota el sentido racional del asunto y que se vincula con los métodos anticonceptivos, ya sea porque se decide cambiar el que se usaba durante el pololeo, o porque se iniciarán en esta actividad después del matrimonio. “Aunque, claramente, éstas son las menos. Quizás entre un 10% o 20% de las parejas, pues estamos en una sociedad muy erotizada y los adolescentes cada vez pierden la virginidad más temprano. Por ejemplo, si hace algunos años era a los 17 años, hoy es a los 14 o menos”, asegura la terapeuta sexual y miembro del Equipo Reencantar, María Inés Zavala.
Si a lo anterior se suma el hecho de que la mayoría de la gente se casa pasado los 27 años, significa que se ha tenido más de 1 pareja sexual. Por lo mismo, “es recomendable que se hagan un chequeo lo más completo posible para cerciorarse de que no hay infecciones de transmisión sexual, a través de exámenes de sangre y de orina, pues hay algunas que pueden afectar incluso la fertilidad y son asintomáticas”, recomienda la ginecóloga de la Clínica Alemana, Andrea Huneeus.
El sentido práctico del romance...
En su calidad de matrona y terapeuta sexual, María Inés Zavala considera que usar preservativos, tanto el hombre como mujer, es muy bueno y afirma que muchas parejas la están llevando a cabo hoy, ya que “cuando se decide estar de a dos, uno se debe ‘sanear’ y preocupar de ver si tiene alguna infección o algo, para llevar lo mejor de sí a la relación. Eso no es desconfianza, es autocuidado”, explica. Por lo mismo, ella es partidaria del uso del preservativo siempre, aun cuando se tiene una relación única, pues además de proteger de un posible embarazo, también lo hace de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS). “En efecto, el sida ha aumentado mucho entre las mujeres casadas porque no usan condón, pues hay hombres más fieles que otros y sólo se puede estar seguro de lo que uno hace”, comenta.
Dentro de las más comunes, según la ginecóloga Andrea Huneeus, están “la Chlamydia, que portan asintomáticamente entre un 7% y 10% de los jóvenes, y luego los condilomas o verrugas genitales”. Estos últimos, afectan a cerca del 30% de la población y, de acuerdo a cifras del Ministerio de Salud, le siguen la sífilis con 17% y la gonorrea con 12.5%.
Uno de los principales riesgos de estas enfermedades infecciosas, es que tienen consecuencias negativas en la fertilidad femenina y masculina; se pueden traspasar a los hijos en gestación, ocasionándoles malformaciones o retardos; generar cáncer de útero, hígado y laringe e, inclusive, matar. Y aunque para detectarlas los procedimientos son simples -un chequeo médico más exámenes de sangre y de orina, además del Papanicolau que las mujeres deben efectuarse al menos 1 vez al año-, lamentablemente no todos los doctores toman la precaución de solicitarlos a priori.
Cuando se emprende una relación estable como lo es la del matrimonio, parecen olvidarse estos riesgos, pues la ginecóloga sostiene que “la mayoría de las mujeres prefiere los anticonceptivos hormonales antes de tener guaguas, debido a que no afectan la fertilidad futura y no producen cambios en el cuerpo. Después de los hijos, muchas se cambian a los dispositivos intrauterinos porque, una vez instalados, pueden durar entre 5 y 10 años”. Ambas técnicas, con alto porcentaje de efectividad: el 99% (ver recuadro).
Por lo tanto, queda en evidencia que la principal inquietud al momento de optar por un método anticonceptivo durante el matrimonio, depende de la seguridad que proporciona para prevenir embarazos.
Anticonceptivos
- Píldora anticonceptiva o “pastillas”: son hormonas de estrógeno y progestina contenidas en una píldora que se toma, diariamente, durante 21 días seguidos y se descansa los 7 siguientes. Si se suministra correctamente, su efectividad bordea el 99%. Algunas de sus reacciones adversas son sangrado entre períodos, alteración del peso, manchas oscuras en el rostro, náuseas y tensión mamaria, entre otros. Su valor varía entre los $ 4.500 y
$ 16.000, en farmacias.
- Minipíldora: contiene pequeñas cantidades de sólo una hormona de características similares a la progesterona, que tiene la mujer de forma natural. Es una alternativa a la píldora que posee estrógeno para quienes están amamantando o presentan reacciones adversas a dicha sustancia. A diferencia de la tradicional, sólo inhibe parcialmente la ovulación, por lo mismo, exige ser más rigurosa para tomarla en horario y sin olvidar ningún día; pero si se es metódica, su efectividad es igual de alta. Sus posibles efectos secundarios son aparición de acné, desarrollo de quistes en los ovarios y reglas irregulares, entre otros. Su precio bordea los $ 8.000.
- Anticonceptivos inyectables: consiste en inyectar, en el músculo del brazo o glúteo, lo equivalente a 1 o más envases de píldoras anticonceptivas, cada 4, 8 ó 12 semanas. Esto debe ser llevado a cabo por un médico y su efectividad alcanza el 99.7%, y es probable que ocasione aumento de peso, sangrado irregular y, si se quiere quedar embarazada, tomará varios meses volver a ovular y retomar los ciclos menstruales normales.
- Implante hormonal: son alrededor de 6 tubos pequeños o varillitas de plástico, que se insertan debajo de la piel en la parte superior del brazo, mediante un procedimiento quirúrgico menor. Éstos van liberando de a poco progestina que detiene la ovulación y el paso de los espermatozoides, entre 3 y 5 años o hasta que se retire para embarazarse. Sus efectos secundarios, que pueden durar hasta 3 meses, son dolor de cabeza, ciclos menstruales irregulares, cambios de peso, depresión, quistes ováricos y tensión mamaria, entre otros. Su valor supera los $ 230.000, y aparte se debe pagar la consulta. Su efectividad es del 99%.
- Parche anticonceptivo: mide 4.5 cms. y se pega en el brazo, glúteo, espalda o abdomen. El kit trae 3 parches que duran 7 días cada uno, en los cuales liberan progestina y estrógeno. En la cuarta semana se descansa, y llega la menstruación. Sus efectos secundarios son similares a los de los otros anticonceptivos, como dolores de cabeza, variación del peso y sangrado irregular, entre otros. Su efectividad alcanza el 99% y cuesta cerca de
$ 15.000, en farmacias.
- Anillo vaginal: consiste en un anillo de plástico que se inserta fácilmente en la vagina, donde permanece 3 semanas liberando progestina y estrógeno. En la cuarta semana, se debe sacar para que llegue la menstruación. Al igual que los otros anticonceptivos, puede provocar dolores de cabeza, náuseas, aumento de peso e irritación vaginal, entre otros. Vale alrededor de $ 10.000 y su efectividad es del 99%.
- Preservativo o condón masculino: se considera un método de barrera al bloquear el paso del esperma al ovario y de este modo, además, previene las ITS. Se adquieren fácilmente en farmacias, desde $ 1.500, y sirven sólo para una relación sexual. Si es utilizado de manera correcta, su efectividad alcanza el 98%; y su única contraindicación es presentar alergia al látex, espermicida o lubricante, por lo cual están disponibles de otros materiales y sin estos componentes, es decir, secos.
- Condón femenino: también es un método de barrera, por lo que previene de las ITS, y consiste en una bolsita de poliuretano lubricada -similar al condón masculino, pero más amplia- que se inserta en la vagina, dejando hacia fuera el extremo abierto, hasta 8 horas antes del encuentro sexual; pero sólo sirve para una vez. Se adquiere en farmacias por $ 1.700, aproximadamente. Su efectividad oscila entre el 79 al 95%, dependiendo de su uso; y no presenta efectos secundarios.
- Diafragma: éste es otro tipo de método de barrera -por lo cual protege de las ITS, pero no con la misma efectividad que los condones-, que radica en una cubierta de látex en forma de taza poco profunda, que se ajusta al cuello del útero (cérvix) antes de la relación sexual, luego de aplicar un espermicida en gel o espuma. También sirve sólo para una vez. Es posible que ocasione alergia por los espermicidas o el látex, incrementa el riesgo de infecciones en el tracto urinario y si se deja puesto por más de 24 horas, puede generar el síndrome de shock tóxico. Cuesta alrededor de $ 6.000 en farmacias, y requiere de la orientación de un médico para encontrar el tamaño indicado. Su efectividad va entre el 80% y 94%.
- Dispositivo intrauterino o DIU: es un pequeño alambre de plástico cubierto de cobre en forma de “T”, que el doctor debe insertar en el útero, para reducir la capacidad de los espermatozoides para fertilizar el óvulo, e impedir la implantación de éste en las paredes del útero. Su duración es de hasta 5 años y su efectividad, del 98%. Sus efectos secundarios pueden ser reglas más intensas o dolorosas y aumento del riesgo de adquirir una enfermedad pélvica inflamatoria, durante los 3 primeros meses de uso. Su precio promedio es de
$ 20.000.
- Método Ogino-Krauss o del calendario: antes de usar este sistema natural, debe observarse al menos 6 ciclos menstruales para comprobar su regularidad. Considerando que el primer día del ciclo es el primer día de menstruación, se restan 18 días al más corto y 11, al más largo. Por lo tanto, suponiendo que éstos son de entre 25 y 30 días, no se podrán tener relaciones entre los días 7 y 19. Si las reglas son irregulares no es recomendable esta técnica, que tiene apenas un 66% de efectividad y requiere del compromiso conjunto de la pareja para llevarse a cabo.
- Método de la temperatura basal: durante 6 meses se debe registrar la temperatura corporal por 3 minutos, antes de levantarse y en ayuno -excepto durante la menstruación-, siempre en la misma zona (boca, ano o vagina). Cuando ésta desciende entre 2 y 4 décimas de grado, significa que se está en el día de ovulación, por lo tanto, en período fértil. Según este procedimiento, no se produciría embarazo a partir del tercer día de aumento de la temperatura hasta la siguiente regla, y si se es riguroso para ejecutarlo, tiene una eficiencia de un 95%.
- Método de Billings: consiste en detectar el volumen y calidad del moco cervical -mucosidad que toda mujer secreta- producto del cambio hormonal propio del ciclo menstrual. Cuanto más se presenta y más húmeda esté la vagina, se supone mayor fertilidad. Este es un sistema requiere una observación de al menos 3 meses, y control personal. Su porcentaje de efectividad es de un 75%, pero si se hace estrictamente puede ser de hasta un 95%.
- Coito interrumpido: se trata de retirar el pene de la vagina antes de la eyaculación. Sin embargo es eficaz en sólo un 73%, ya que el semen que se segrega cuando comienza la erección puede contener espermatozoides suficientes para gestar un embarazo.
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