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Tres… son multitud

Tres… son multitud

Contar con familiares y amigos preocupados y que ayuden en esta nueva etapa, es un verdadero privilegio. Pero, ¿qué hacer cuando estas intromisiones generan problemas al interior de la vida conyugal y cuál es el límite?

Por Tatiana Hirsch Coleman

Escenas tales como las de la película “You, me and Dupree”, en donde el actor estadounidense Owen Wilson es un entrometido amigo que irrumpe en la casa de una pareja recién casada y los lleva al borde de la ruptura, bien pueden ser inspiradas en algunos matrimonios que han tenido que enfrentarse a terceras personas que invaden su espacio, impidiéndoles adaptarse mutuamente y crear su propia intimidad. Pero como la ficción no siempre supera la realidad, es sano saber cómo manejarla.

Madre, hay una sola

Antonia (26), casada hace 3 meses, mantenía una buena relación con su suegra antes de casarse. “Primero, quería opinar en todo lo de la fiesta y nos manipulaba con el tema, poniéndose a llorar. Incluso, comenzó a llamar a mis padres para decirles que yo era intransigente con sus peticiones y que por eso se oponía a nuestra unión”, relata la recién casada.

 

Para el sicólogo Renato Donoso, esto tiene que ver con que “una suegra desubicada viola permanentemente el espacio de la pareja, intentando invadir e imponer sus propias reglas. Generalmente el período donde se manifiesta esta presión no es en el pololeo, porque entonces la nuera o el yerno no representan una verdadera amenaza, sino que durante el compromiso, sobre todo cuando la madre del hombre quiere ser protagonista al igual que la novia”.

En el caso de Antonia, la tensión llegó a tal nivel que unos meses después del matrimonio optaron por cortar lazos su suegra, “porque era incapaz de aceptar su nueva vida. Si bien fue duro, él me apoyó en todo momento”, aclara la aliviada nuera.

Pero la intromisión también puede manifestarse recién en los primeros meses de convivencia, cuando las suegras comienzan, por ejemplo, a opinar sobre la decoración del hogar o la comida que se prepara. Esto es lo que le tocó vivir a Margarita (28), casada hace 5 años con Jaime (32). Un día llegó a su departamento y se dio cuenta que la madre de su marido había ido a cambiar cosas de lugar, botar algunos objetos y dejarles otros como regalo. “Me pareció súper invasivo, aunque pudo haberlo hecho como un gesto de cariño, pues debería haber esperado que nosotros llegáramos”, explica ella.

En estas situaciones, el especialista sugiere partir de la base que “las suegras tienen una intención positiva, quieren ayudar y creen que su actuar es correcto y está relacionado con el amor. El problema es hasta dónde respetan las reglas de la nueva casa y a la persona que define esas normas, que es la nuera.” Por ello, conviene evitar circunstancias que den pie a intromisiones y, en casos de que esto ocurra, agradecer la disposición, pero dejar en claro que no era necesario. Así, se evitará dejar en una encrucijada al marido, que se ve presionado por su señora, a quién no quiere pasar a llevar, y por otro lado, podría lastimar los sentimientos de su madre.

Del mismo modo, hay circunstancias en que la relación con el yerno es la que se tensa, frecuentemente, cuando la madre de la novia menosprecia a quien será el marido de su hija y considera que no cumple con las expectativas necesarias para que se casen. “Esta situación puede darse si él tiene una profesión más inestable o gana menos, por ejemplo”, aclara Donoso. Y añade que en esto, es vital que sea la misma hija quién plantee la molestia a su madre, rayando la cancha desde un principio y estableciendo límites claros y definidos para evitar futuros roces.

Amistad sin barreras

Distinto al caso de las suegras, es el de los amigos que caen en conductas nocivas que terminan ahogando a los recién casados, pues no están dispuestos a perder cercanía con su compañero de andanzas.

Francisca (27) vive una experiencia de este tipo. Carlos (34), con quien lleva casada 1 año, tiene un amigo que lo llama al menos 4 veces al día, los visita sin previo aviso e interrumpe hasta los momentos más íntimos. Incluso,  en su primer aniversario, se dejó caer en el restorán que celebraban y se les unió sin mayor complicación. “Me quedé helada. Cuando él llegó, no pude seguir disfrutando de la noche y apenas terminamos de comer, decidí irme indignada y mi marido se quedó con él. Obviamente, esto generó una gran discusión y no hemos logrado resolver el tema del todo”, cuenta.

El sicólogo asegura que las personas que actúan de esta manera, lo hacen porque no quieren abandonar antiguos hábitos y perder el fuerte lazo de amistad que antes compartían con mayor autonomía y dependencia.

Sin embargo, a pesar de lo incómodo que puede llegar a ser conversar el asunto por temor a lastimarlo, “plantear el tema de la intromisión es mucho más sencillo que en el caso de las suegras, sobre todo con los hombres porque no guardan resentimientos por mucho tiempo y si la pareja lo habla en un contexto de amistad, la situación es fácil de revertir. Con las mujeres, si bien ocurre menos, cuando se presenta de seguro habrá una confrontación, pues ellas por naturaleza son más sentimentales. Pero una vez pasada la pelea, se deberá enfrentar el tema con mucha sinceridad, apelando a la amistad que han cultivado para solucionarlo”, aclara Donoso.

 

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