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Y vivieron felices, ¿para siempre?

Y vivieron felices, ¿para siempre?

Las parejas, a lo largo de su historia, deben enfrentar diversas etapas, tanto de alegría como de conflicto. Pero, ¿existe la llamada “comezón del séptimo año”?. Y si es así, ésta hoy ¿se adelantó al tercero?

Por María Jesús Mejías Liberona

 

“No lo aguanto más”, “no quiero estar con él”, “ojalá se vaya por un buen tiempo”, éstas son frases que provienen de mujeres que atravesaron con sus parejas la llamada “crisis de los primeros años”. Ésta se debe sobrellevar antes de cumplir una década de haber dado el sí, pero que hoy -de acuerdo a las estadísticas- este período se adelantó en el tiempo y ocurriría antes del cuarto aniversario.

Tamara (35), casada desde el 2001, señala que en su relación “siempre han existido peleas por cosas pequeñas, pero cuando llevábamos alrededor de 3 o 4 años, me ocurría algo particular porque no quería pasar momentos con Rodrigo, simplemente no lo soportaba”. De acuerdo a la sicóloga y especialista en terapia de parejas Gianella Poulsen, “es una etapa muy compleja que los matrimonios deben afrontar, y donde se va definiendo claramente como va a ser la relación. Pero que si uno habla que es a los 7 o a los 3, lo tiene que ver como grandes cifras, probablemente bastante subestimadas porque hoy muchos no se casan, y de ellos no se tienen registros”.

 

Contigo, ¿pan y cebolla?

Al momento de casarse, los novios se comprometen a estar en las buenas y en las malas. Sin embargo, las 15 mil parejas que se divorciaron durante el 2007 -según cifras del Registro Civil- no lo pudieron cumplir, siendo una quinta parte de estos quiebres en los primeros 5 años después de dar el sí.

La terapeuta afirma que una causa de lo anterior, es que “el primer tiempo de la vida de casados es muy complejo para la convivencia, ya que es un período de construcción, hay un conocimiento real en la intimidad, se adquieren nuevas costumbres, se define una cultura común y comienza la desvinculación con las familias de origen”. En efecto, como relata Andrea (28), quien acaba de cumplir su tercer aniversario con Mariano, “es difícil acostumbrarse que las cosas ya no son como en la casa de tus papás, que con mi marido tenemos diferentes hábitos y que debemos adaptarnos para evitar discusiones; lo que cuesta demasiado, porque yo considero ciertas cosas normales, que para él no lo son. Por ejemplo, él siempre deja la toalla húmeda sobre la cama”.

Además, según la especialista, los conflictos y su adelanto en el tiempo son producto de que “nos hallamos en una sociedad centrada en un pensamiento de individualismo, de superación personal, que busca el éxito. Por lo tanto, se lucha por los objetivos propios y no por algo en común”. Lo anterior lo refleja Alejandra (32), casada hace 10 meses, quien afirma que “con Felipe optamos por tener buenos trabajos y estar afianzados económicamente antes de ir a vivir juntos. Cuando reunimos el dinero necesario compramos el departamento ideal para nosotros y, luego decidimos casarnos. Hoy, los dos queremos realizarnos profesionalmente, nuestra vida laboral es demasiado importante”.

Por otra parte, en los primeros 5 años generalmente llegan los niños, lo que complica la relación, pues “implica un cambio tremendamente importante. Todas las investigaciones en el mundo muestran que cuando nacen los hijos, disminuye la satisfacción en un matrimonio, pues el compartir con el otro pasa a un segundo plano. Además, el hombre se siente excluido frente a la maternidad de la mujer, la que le dedica la mayor parte del tiempo a su embarazo y luego a su guagua”, señala la sicóloga. Esto explica el hecho de que un 80% de las infidelidades masculinas se producen en este período, de acuerdo a investigaciones hechas en las Universidad de Boston, EE.UU.

Además, ha aumentado la percepción de que se puede vivir solo. “Está la mentalidad que una mujer logra mantener a su familia sin la necesidad de un marido” afirma Poulsen. Ya no es como pasaba en los tiempos de la abuelita, que se soportaba todo; como declara Inés, quien en diciembre cumplirá 50 años de casada con Luis, “hubo muchas oportunidades que quise irme con mis hijos, pero no podía, porque ¿cómo íbamos a vivir?”. Pues, “hoy hay mujeres, que ganan más, son más eficientes, se hacen cargo de la casa, terminan también ocupándose  de los niños y del marido. Ello genera peleas que antes no surgían y al final se infantiliza al otro miembro de la pareja, llega un minuto en que este hombre es una carga más” acota la especialista.

 

La clave: ¡Dialogar!

Lo ideal en una relación es mirarla como cuando se construye una casa, “hay que poner cimientos fuertes y hacerla de un material sólido, ya que a lo largo de los años pueden ocurrir terremotos, lluvias, aluviones. Con una buena infraestructura, se podrá soportar todo; si bien quedarán grietas, éstas se logran restaurar, lo que permitirá renovar el hogar y ponerle unas agradables terminaciones”, acota la terapeuta. 

Entonces, la pregunta es: ¿cómo hay que prepararse?. Lo mejor es tomar ciertas medidas cuando hay una buena relación y no cuando comienzan los conflictos. Según la especialista “hay que salir del pensamiento individualista y pensar en el otro, ceder un poco de terreno y entablar una mayor comunicación con la pareja desde un principio”.

Pero ello no significa que los problemas no surgirán. Poulsen aclara que “aquellos que se han anticipado a los conflictos, tienen las mismas posibilidades de roce, el tema es cómo lo toman”. Por ejemplo, Ana (54) lleva más de 25 años casada, afirma que atravesó por la “comezón del séptimo año”, y que para ella fue clave el grado de comunicación que tenía con su marido. “Eugenio y yo siempre hemos optado por darnos un tiempo para nosotros. Obviamente, hay etapas en que discutimos más, pero como conocemos qué piensa el otro, llegamos a consensos”.

En consecuencia, a quienes están menos preparados, les puede resultar más difícil enfrentar esta crisis, porque “deben aprender a darse un tiempo y comunicarse para superarla”, afirma la especialista.

En los casos en que esto no funciona, es aconsejable la intervención de terceros; donde las terapias de familia son una buena opción, ya que las parejas se asesoran por un especialista, donde se les enseña a expresarse entre ellos, a actuar en un “nosotros” y no como “yo”. Para otros resultan efectivo los grupos de encuentro conyugal. Allí, a través de la experiencia de distintas parejas -que se encuentran en situaciones similares o que las han superado- los matrimonios salen adelante y fortalecidos.

Sea como sea, esta etapa que se debe afrontar en los primeros años, se puede mirar como una oportunidad, si se está preparado; pues “es una posibilidad de aprendimiento, de crecimiento mutuo y que nos ayuda a enfrentar futuros períodos que serán más complicados”, asegura Gianella Poulsen.

 

 

 

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